Han pasado dos meses desde la muerte de Mónika Silva y su cuerpo todavía permanece en el Centro Forense de Santa Elena. La activista polaca murió el 8 de junio en Montañita y, hasta ahora, no existe una fecha definida para entregar sus restos a sus familiares.
“No sabemos cuándo entregarán su cadáver”, señaló Alfonso Ortíz, integrante del colectivo de derechos humanos Monicha Sumpa, que ha acompañado los pedidos para esclarecer la muerte de Silva. Sus allegados esperan trasladar sus restos a Montañita, donde serían cremados y posteriormente depositados en un nicho.
Mónika Silva, cuyo nombre era Mónika Koniuszek, era conocida en Ecuador por su activismo contra la corrupción y por sus denuncias relacionadas con la provincia de Santa Elena. Su muerte inicialmente fue considerada como un posible suicidio, pero posteriormente el informe forense estableció que se trató de una muerte violenta.
El caso es investigado como un presunto femicidio y la investigación previa fue declarada bajo reserva. El móvil de la muerte todavía no ha sido establecido. Organizaciones como el CEPAM y el Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos, que participan como veedores, han pedido que las diligencias se desarrollen de manera integral y sin estereotipos de género.

Los organismos veedores tuvieron recientemente acceso al expediente y conocieron parte de los avances de las pericias. Según su información, el examen forense determinó como causa de muerte una asfixia mecánica por constricción del cuello. También se conoció que políticos y autoridades de Santa Elena fueron convocados a rendir testimonio, entre ellos personas que habían sido señaladas públicamente por Silva durante su vida.
Mientras la investigación continúa, sus familiares y quienes acompañaron sus últimos años siguen esperando respuestas. También esperan algo más inmediato: que el cuerpo de Mónika Silva pueda finalmente ser entregado para recibir sepultura.









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